A mí
no me gustan los penes, me dan asco. Eso pensaba cuando el cuerpo empezó a
mudarme, cuando se me empezaron a ensanchar las caderas, cuando empecé a notar
que ellos no podían dejar de verme el culo.
La
verdad es que son horribles. Los que más asco me dan son los que no tienen
circuncisión.
Por
dónde se le busque, un pene no es “bonito”. No sé cómo las mujeres pueden
enamorarse del pene de algún hombre.
Odiaba
que los hombres me vieran el cuerpo. Que su mirada me recorriera. Me sentía tan
incómoda.
En
cambio. No podía dejar de ver a las mujeres. Muchas eran tan bonitas, que no
les quitaba los ojos de encima.
No.
No cogí con ningún hombre antes de los 22. Ni tampoco con una mujer. Pero veía más viable, la
segunda opción. "A mí no me gustan los penes, me dan asco".
Quizá
por lo que representaban para mí. No sé si empecé a notarles todo lo malo a los
hombres, y sus penes me parecían particularmente feos. Hasta amorfos.
También
sus pensamientos machistas. Su doble moral. Las absurdas reglas que han
fomentado para hacerle creer a las mujeres que su cuerpo es más obsceno que el de
ellos. Bahh. Qué feos penes tienen todos. Pensaba. Todas. Deberíamos ser
lesbianas.
Con
el tiempo he descubierto que los penes sí me gustan. Mucho. Verlos. Tocarlos.
Con la lengua. Mamarlos. Fotografiarlos. Verlos a detalle. Jugarlos. Encenderlos.
Ponerlos firmes. Humedecerme los labios con ellos.
Sí,
sí se me antojaría meterme dos a la boca. ¿Al mismo tiempo? Pues no sé si me
cabrían, pero imaginarlo me prende. Jajaja. No te rías…
Todos
tenemos fantasías. ¿A poco tú no has fantaseado? Con una orgía, un trío…
hacerlo con el amor de tu vida en una misteriosa laguna enclavada en la selva
lacandona…. En la playa, bajo una noche estrellada y una luna a full. En un
hotel. Con mucho terciopelo cerca. Amarrada. En medias caladas. Dentro de una
habitación llena de espejos. Entre pornográficas pantallas.
¡Uy!,
yo tengo muchas fantasías. Algunas vivas, incluso después de haber sido cumplidas. Recrear las escenas, siempre resulta una fuente de erotismo abrigador.
Me
da mucha risa. Pero antes, también me daban asco las bananas. No me gustaba
comerlas. El plátano me parecía entonces la fruta con el sabor más aburrido.
Luego
de conocer sus bondades con el potasio y de tomarme el tiempo para saborearlo, cambié la forma de degustarlo. Ahora me encanta comer plátano.
Como
me daban asco los penes me imaginaba entonces, desnuda con mujeres. A veces solo me imaginaba desnuda, mientras
otros me veían. Otros sin rostro. Quien fuera.
¿Qué si me he masturbado? Claro, desde que era
niña. Lo hacía en mi cuarto, con frecuencia. No, no pensaba que fuera malo,
pero sabía que era privado. O por lo menos, entendía que tenía que ser privado,
si no quería ser juzgada o explotada sexualmente.
Claro
que sigo masturbándome. Y por supuesto, me gusta pensar en penes. Tampoco me
limito. Pienso en todo. Fantaseo con lo que tengo cerca. Con encuentros
improbables. Ocultos. Con atmósferas extravagantes.


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