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miércoles, 23 de julio de 2014

Me dan asco los penes


A mí no me gustan los penes, me dan asco. Eso pensaba cuando el cuerpo empezó a mudarme, cuando se me empezaron a ensanchar las caderas, cuando empecé a notar que ellos no podían dejar de verme el culo.

La verdad es que son horribles. Los que más asco me dan son los que no tienen circuncisión.

Por dónde se le busque, un pene no es “bonito”. No sé cómo las mujeres pueden enamorarse del pene de algún hombre.

Odiaba que los hombres me vieran el cuerpo. Que su mirada me recorriera. Me sentía tan incómoda.

En cambio. No podía dejar de ver a las mujeres. Muchas eran tan bonitas, que no les quitaba los ojos de encima.

No. No cogí con ningún hombre antes de los 22. Ni tampoco con una mujer. Pero veía más viable, la segunda opción. "A mí no me gustan los penes, me dan asco".

Quizá por lo que representaban para mí. No sé si empecé a notarles todo lo malo a los hombres, y sus penes me parecían particularmente feos. Hasta amorfos.

También sus pensamientos machistas. Su doble moral. Las absurdas reglas que han fomentado para hacerle creer a las mujeres que su cuerpo es más obsceno que el de ellos. Bahh. Qué feos penes tienen todos. Pensaba. Todas. Deberíamos ser lesbianas. 

Con el tiempo he descubierto que los penes sí me gustan. Mucho. Verlos. Tocarlos. Con la lengua. Mamarlos. Fotografiarlos. Verlos a detalle. Jugarlos. Encenderlos. Ponerlos firmes. Humedecerme los labios con ellos.

Sí, sí se me antojaría meterme dos a la boca. ¿Al mismo tiempo? Pues no sé si me cabrían, pero imaginarlo me prende. Jajaja. No te rías…

Todos tenemos fantasías. ¿A poco tú no has fantaseado? Con una orgía, un trío… hacerlo con el amor de tu vida en una misteriosa laguna enclavada en la selva lacandona…. En la playa, bajo una noche estrellada y una luna a full. En un hotel. Con mucho terciopelo cerca. Amarrada. En medias caladas. Dentro de una habitación llena de espejos. Entre pornográficas pantallas. 

¡Uy!, yo tengo muchas fantasías. Algunas vivas, incluso después de haber sido cumplidas. Recrear las escenas, siempre resulta una fuente de erotismo abrigador.

Me da mucha risa. Pero antes, también me daban asco las bananas. No me gustaba comerlas. El plátano me parecía entonces la fruta con el sabor más aburrido.

Luego de conocer sus bondades con el potasio y de tomarme el tiempo para saborearlo, cambié la forma de degustarlo. Ahora me encanta comer plátano. 

Como me daban asco los penes me imaginaba entonces, desnuda con mujeres.  A veces solo me imaginaba desnuda, mientras otros me veían. Otros sin rostro. Quien fuera.

¿Qué si me he masturbado? Claro, desde que era niña. Lo hacía en mi cuarto, con frecuencia. No, no pensaba que fuera malo, pero sabía que era privado. O por lo menos, entendía que tenía que ser privado, si no quería ser juzgada o explotada sexualmente.

Claro que sigo masturbándome. Y por supuesto, me gusta pensar en penes. Tampoco me limito. Pienso en todo. Fantaseo con lo que tengo cerca. Con encuentros improbables. Ocultos. Con atmósferas extravagantes.


A mí me dan asco los penes. Eso pensaba antes de probar el que me hizo cambiar de opinión. 



viernes, 18 de julio de 2014

La exhibicionista


Me gusta andar sin calzones por toda la casa. Me excita.

Me gusta que los otros me imaginen sin ropa, me excita.

Me gusta hacerme retratos desnuda, me excita. 

Me gusta que los otros me escuchen gritar, me excita.

Me gusta escuchar música mientras hago el amor, me excita.

Me gusta usar falda cuando hace mucho calor, me excita.

Me gusta escribir sobre lo que me excita, me excita. 

Soy una exhibicionista. Me excita. Me excita. 

Dorada
Autorretrato
#SinFiltro




martes, 1 de julio de 2014

Lejos de los zumbidos. Lejos de la ciudad

Llevo prácticamente toda mi vida viviendo a un costado de las pistas del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM). El ruido de la actividad aérea es continua. Interminable.

Durante el día despegan y aterrizan aviones. Sin parar. Uno tras otro.

Durante las noches se escuchan zumbidos. Zumbidos que elevan y disminuyen sus frecuencias. Que de pronto, taladran. Perforan. Atolondran. Perturban. No dejan dormir.

Antes sufría de insomnio. Y últimamente tengo sueños muy raros. A veces muy intensos y coloridos.  

Hace unas semanas releí un artículo que hablaba sobre la capacidad de las neuronas de regenerarse. El texto puntualizaba que la regeneración solo se experimenta mientras que el cerebro deja de recibir actividad eléctrica. Durante una verdadera etapa de pleno descanso. 

Me decidí. Saqué de la habitación la tv. La radio. Los celulares. Los cables. Nada de conexiones. Nada que me distraiga a la hora de emprender el viaje de sanación y espiritualidad.

Bahh. ¿Pero tendrá caso? Eso me acercará a la regeneración celular.

Mi sueño ha mejorado mucho, sin embargo… es imposible eliminar la actividad infinita que mi cuerpo percibe durante las 24 horas. He vivido prácticamente toda mi vida a un costado del aeropuerto del DF. Mis oídos están realmente cansados de ello. Están desequilibrados y quizá ya ni siquiera pueden escuchar a nadie.

He pensado que algún día debería mudarme. Otra vez. Lejos, muy lejos de los zumbidos de este lugar. Lejos, quizá, de la ciudad.




domingo, 29 de junio de 2014

México jugará la final en el Maracaná



México ha dejado de ser un país bananero. México va directo al primer mundo. Ha comprado su boleto y muy pronto todos estaremos ahí para presenciarlo. Para saborear la gloria. Para poder corear a los cuatro vientos el ya famoso e internacional “Eeeeeeeeeeh PUTO”.

Enrique Peña Nieto no bromeaba al decirle al “Piojo” Herrera que estará en el séptimo partido en Brasil, apoyando a la Selección Mexicana de Futbol.

El Tri jugará la final de Brasil 2014. Y no es cosa que deba sorprendernos. Si lo pensamos un poquito. Es lo menos que se puede exigir para recompensar a este país por abrir el cofre de oro y compartirlo con las manos más poderosas del mundo.

México se lo merece. Y Enrique Peña Nieto lo sabe. Por ello su equipo ya se encargó de hacer las negociaciones pertinentes. Su administración pasará a la historia. No exactamente por todas las reformas que ha logrado, sino por las recompensas que obtendrá “para el pueblo” gracias a esas reformas.

Y la verdad. Es lo menos que un país como México puede obtener. Tras el saqueo. Tras la repartición. Tras la condena que parece, será imposible revocar. Lo merecemos.

Y quizá no deseemos pedir más. Con una final nos conformaremos. Eso nos ayudará a bebernos el brebaje que nos dará la capacidad de vivir la ilusión del desarrollo. La ilusión de ese primer mundo tan osado. Por el que somos capaces de aniquilar al “adversario” en la cancha, para dejarlo entrar luego por la puerta grande. 

El futbol y la política (suspiro). Para ser parte de ambos se necesita estrategia. 

Todos al Ángel en 5, 4, 3, 2, 1…  “Eeeeeeeeeeh PUTO”. México está en cuartos de final.


viernes, 6 de junio de 2014

Soñé que era actriz porno (primera entrega)

Esta mañana renuncié a mi empleo. Llevaba cinco años encerrada en un cuartito, detrás de un cristal, vendiendo tickets para el transporte subterráneo que además, ahora se ha vuelto un caos con el aumento, el #PosMeSalto y los vagoneros manifestándose por todos lados.

¿Estás locaaaaaa? ¿De verdad crees que estás tan buena para conseguirte a uno rico que te mantenga? No sé qué tienes en la cabeza Alicia, esa plaza ya muchos la quisieran, con prestaciones de ley y vacaciones una vez por año, seguro y hasta la posibilidad de comprarte una casa.   

Esto es lo que mi madre me diría. Ya la escucho, explicándome que el mundo así funciona, que nací muerta, condenada a endeudarme de por vida en Elektra para tener un mini departamento en el que podré tener una mini vida, en un mundo tan diminuto  como mis posibilidades.

Estoy cansada de vivir la vida que vivo y me pregunto ¿por qué tengo que vivir esta vida y no otra? Quizá podría ser más divertido vivirla como la hija de un magnate como Carlos Slim o de un imbécil sin escrúpulos como Peña Nieto. ¿Por qué carajo me tocó ser a mí, quien soy?

La vida de esas personas sí que debe ser una vida, de la buena. Imagínense, los lujos, el derroche, las noches de pasión que podría tener con diferentes amantes.

Si tuviera dinero no tendría que ser esclava. Nunca tendría que viajar en el Metro de la ciudad, acaloradísima, con el maquillaje corrido y el sudor dejando su maldita huella.

Si tuviera dinero seguro se me quitarían los complejos y sería una mujer hasta codiciada. Tendría para comprarme todas las medias, todos los perfumes y todos los vestidos. Podría ponérmelos porque no tendría que andar caminando la ciudad, como la camino ahora. No tendría que aguantar los vulgares piropos de los transeúntes porque siempre andaría en un discreto convertible con aire acondicionado.  

A veces he sentido que mi vida ha llegado a un límite de aburrimiento insuperable. Repugnante. La pobreza y el ocio me han llevado a pensar que ya no quiero más vivir esta vida tan monótona, en la que no me queda otro remedio que ser yo.

Los días se han convertido en largas jornadas, interminables, asombrosamente pesadas. Mi habitación es ahora una prisión que me mantiene ahí sin resistencia, porque al final, qué flojera ir allá afuera, quién sabe si algo malo pudiera pasarme, quién sabe si alguien querrá juzgarme.

Además… la gente es tan necia… todas las personas quieren convencerte de pensar como ellas. En general todas creen tener en los labios la verdad absoluta, todos creen tener los mejores consejos sobre la vida, para ti. Qué fastidio, prefiero quedarme aquí y sacar todas las películas que he acumulado con la promesa de algún día ver.


He ido guardando títulos de todo tipo. Los fui eligiendo por sus portadas. En realidad, porque las vendía un guapísimo hippie que extendía su puesto afuera de Ciudad Universitaria. Yo solo buscaba un pretexto para intercambiar objetos con él, rozar su mano y tal vez conseguir su mail...

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